Poner el iPhone sobre la mesa en las comidas es ordinario

Poner el iPhone en la mesa es ordinario

Es ordinario, vulgar e incluso grosero. La dependencia que nos han creado los dispositivos móviles nos hace maleducados. Ya no compartimos una comida distendida con nuestros amigos o familiares, sino que hacemos partícipes al resto, aquellos que no están invitados al convite. Muchos de ellos, gracias a Twitter o Instagram,  ni les conocemos.  El iPhone es uno más en la mesa, lo que nos hace empezar a dudar si protocolariamente se coloca a la izquierda o a la derecha del plato.

En toda reunión gastronómica que se precie, hay siempre algún protipo de persona como estos:

  • El listillo: Aquel que siempre tiene que consultar, en su smartphone, alguna información sobre algún tema para debatir, o para añadir algún dato poco relevante a la conversación.
  • El community manager: Aquel que no se queda a gusto hasta que no tuitea para el resto de personas  (que pasan olímpicamente del tema) lo divertida y amena que es la reunión. Claro, no le resultará tan entretenida, si tiene tiempo y ganas de compartirlo con el resto.
  • El fotógrafo: Aquel que no deja escapar ningún detalle. Plasma las piezas de sushi que está comiendo, la ensalada súper sana que se va a meter entre pecho y espada, o el café con espuma en forma de corazón que le han servido.
  • El humorista: Aquel que siempre tiene un vídeo gracioso que mostrar al resto de comensales y que se troncha de la risa cuando lo ve. Este es la especie en evolución del que se pasaba horas enviando Power Points por email.
  • El chulo: Sólo saca el teléfono para que todos puedan contemplar que tiene la ultimísima versión de iPhone, antes incluso de que estuviera a la venta en EEUU.
  • El whatsappeador: Es el más irritante de todos. Pasa el rato mandando mensajitos por la aplicación del infierno para contarles a otros, incluso con documentos gráficos…nada, tonterías.

Esta última especie, ha hecho que vaya desapareciendo progresivamente, una figura clave: el hablador. Aquel que no le bastaba con el coloquio de sus acompañantes, sino que tenía que sacar el móvil para alardear de las muchas llamadas que recibía al minuto. Hoy en día, estas han derivado, en pequeños mensajes cortos, y solo aquellos con un espíritu más pedante, descuelgan el teléfono y hablan lo más alto posible (incluso se levantan de la mesa y dan paseos), para hacer ver al resto cuán importante es esa llamada.

Sí, todos son, por extensión, ordinarios incluso horteras.  Y, todos tienen un denominador común: la falta de respeto. 

4 Comentarios

  1. Pues ya está en las reglas de etiqueta, se coloca arriba del plato (o atrás como lo quieran ver) sobre todo después de el crecimiento desmedido del dispositivo que ya no cabe en tu bolsa. La falta de respeto es mirarlo mientras comes, no colocarle ahí.

  2. Totalmente de acuerdo! Hemos pasado del modo InSitu-cuerpo presente al OnLine-dedos en el pulsador!!! Great Job my friend!!

  3. Great post! Me encanta el enfoque que le has dado. Parece que nos hayamos convertido en una especie de periférico, como una impresora, en lugar de considerar el smartphone como lo que es: una herramienta más. No veo enganchado a nadie a un martillo (excepto a Miley Cyrus) o a un tenedor.
    Felicidades x el blog! Suerte wapisima!

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