La gestión de la humildad: asignatura pendiente del emprendedor

El efecto yo-yo del emprendedor

Todo emprendedor que cree en su proyecto le fascina presentarse como visionario, amante del riesgo y hablan sin tapujos de generosidad, ausencia del ego y otras virtudes. Pero en muchos casos, si cerramos los ojos, y escuchamos minuciosamente el discurso sobre sus proyectos denotamos, tras esa clara declaración de intenciones, esa inexistente humildad que tan valorada está hoy en día.

Muchos de ellos, hoy se ensalzan como gurús, y se agarran con uñas y dientes a su numeroso séquito de followers en las redes sociales y a un marketing personal poco fiel a su verdadera personalidad. Alardean de no tener nada hoy, y de construir su futuro mañana, para así poder mirar desde arriba todo lo construido y a todos los que han dejado en el camino. Camuflados en una falsa humildad menosprecian a los que no tienen un don creativo y visionario como ellos, a los que no son de su misma condición y a aquellos que su red de contactos no es tan grande como ellos consideran.

 

El efecto “Yo-Yo” del emprendedor

Un ego bien gestionado es la base de una persona que posea cualquier tipo de iniciativa. Sin embargo, existe una línea muy fina con un ego malo que nos hará creernos mejor que los demás, y nos hundirá.

  • Ego positivo: Es la autoestima y la confianza en nuestros valores que hará de empuje hacia nuestra meta. Ayuda en los malos momentos, y da seguridad para llegar a buen puerto con una personalidad propia. Si en el camino, a la hora de ir superando nuestros objetivos, nos hace cambiar nuestros valores más primarios, habremos fracasado, porque el éxito hace que abracemos los piropos, minimicemos las críticas y nos gustemos a nosotros mismos.
  • Ego negativo: Pecar de humilde, o alardear ser humilde nos hace ser más intransigente con los demás. El emprendedor debe hacerse valer, pero dejando de lado el discurso del “Yo soy”, “Yo tengo”, “Yo hago”.

 

Emprendedor, ¿Tienes los pies en la tierra?

Se puede soñar, pero hay que mantener siempre una pisada firme. Los emprendedores se mueven con la máxima de conseguir sus objetivos, y estos se consiguen porque se confía en poder conseguirlos, no por cómo queremos que nos vean los demás. Y este es un grave error, porque antes de todo esto, se debe aprender a afrontar el fracaso. Este puede llegar perfectamente después del éxito y la caída será todavía más alta y el golpe más duro de asumir.

Atrás deben de quedar los discursos de “Yo no hago dinero con esto ahora”, “Yo trabajo más que nadie, incluso los fines de semana”…porque hay hechos y resultados que predominan sobre las palabras y sin decirlos se gana puntos en sencillez y humildad. Del mismo modo, es estúpido creer que se es el único en el mundo  con capacidad para desarrollar una tecnología o un modelo de negocio, pues seguro que les van a copiar, o incluso ya lo han hecho antes de que se hiciera, y no se sabía. A veces una buena dosis de realidad y cortarse a sí mismo un poco las alas no esta de más.

 

No olvidemos que la vida es circular, que hoy estamos abajo y mañana podemos estar arriba. Hagamos una cura de humildad, no sea que al volver a bajar, elevemos la mirada buscando ayuda y veamos a aquel que menospreciamos cuando lo vimos debajo nuestro.

 

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