Cargar con el tupper de comida es vulgar

Cargar con el tupper de comida es vulgar

Lo extremadamente chabacano se convierte, una vez más, en práctico cuando diariamente los trabajadores de múltiples empresas se ven sometidos a cargar con fiambreras con verdaderos manjares culinarios. Esas ensaladas de pasta en estado grisáceo, y esas pechugas de pollo insípidas y duras como piedras, salen a pasear desde las cocinas hasta las oficinas.

Cargar con el tupper implica que, desde que sales de casa, hasta que regresas, siempre vas a notar el tufillo de comida, como si se te hubiera instalado perenemente en tu nariz y no quisiera salir. Algunas personas han terminado en el otorrino, por pura obsesión con este olor tan peculiar. Es curioso, porque es casi siempre el mismo. O eso piensas cuando vas en el transporte público. Quizá allí el hedor se concentre con el resto de “tuppers por el mundo”, y se neutralice. Y ahí entras en psicosis, porque empiezas a pensar que a alguien se le han desparramado las verduras por esa hermosa bolsa que envuelve el contenedor de plástico. Aprietas el culo y rezas para que no sean las tuyas. ¡Después de lo que te han costado hacerlas!.

El mejor momento del día es cuando llega la hora de la comida.

Ese se puede dar en dos escenarios:

 # Escenario 1: Una sala lúgubre (algunas de ellas en sótanos) habilitadas a tal efecto. Está bien. Mola. Está bien porque ahora el olor es tan fuerte que, incluso, cabe la posibilidad que se te impregne en la ropa. Asegurado lo tienes si a alguien (y siempre hay alguien) se le sale la salsa por el microondas al calentarlo. Pero, lo mejor de todo, es cuando emerge el síndrome Master Chef. Y aquí es cuando empieza la competición entre compañeros a ver quién cocina mejor. Gana quien logre meter más sobras de la semana, mezcladas y sin sentido. No falla.

# Escenario 2: Delante de tu sitio de trabajo. Productivo, sí. Eficaz, también. Trabajas a la vez de comes. Aquí lo único por lo que tienes que preocuparte es si la mancha en el teclado del ordenador va a ser de tomate, o de yogurt.

Es hortera, pero tenemos que afrontarlo, más en este momento que los vales de comida ya ‘cotizan’. Ahora, más que nunca, es cuando debemos estar orgullosos de ser vulgares porque gracias a nuestros tuppers “jamás volveremos a pasar hambre”.

 

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